6. Mi cerebro anda carburando.

Es 24 de diciembre. Mamá está envolviendo regalos de última hora, mi hermano y mi papá tienen no sé cuanto tiempo arreglándose. Mi computadora resuena con canciones de Twenty One Pilots, y aunque hace un chingo de frío, estoy en vestido sentada en el piso junto al árbol.

Esta navidad se siente diferente, somos la mitad de los que normalmente estamos juntos en la mesa cada año, pero no es eso. Realmente creo que este año he cambiado mucho. No me refiero físicamente, si no en mi persona. Este año nos pasaron muchas cosas como familia y me pasaron muchas cosas como personas. Bloqueé mis sentimientos, me mantuve ajena a muchos durante gran parte del año. Perdí amigos, gané muchos más. Me reencontré con viejos amores que creía que había olvidado, terminé la universidad, me acerqué a personas que tengo la sensación que siempre tendré ahí. Aprendí que el amor no siempre implica ser feliz, o que las cosas sucedan como uno quisiera, y que aunque odies mil y un cosas de alguien, siempre te producirá tranquilidad e incertidumbre al mismo tiempo.

Lamentablemente estoy creciendo, y mis seres queridos también. Y la distancia y nuestras ocupaciones no nos permitirán vernos como siempre, pero, me he dado cuenta que esto ha fortalecido los lazos con quien es necesario. Pero aprendí algo aún más importante.

Sufrí mucho este año, hubo más de una noche en que lloré tanto que al día siguiente estaba ronca y mis ojos no soportaban la luz más de lo normal. Caí hondo, bastante. Reconocí que estaba deprimida. Hace años que no me sentía tan mal conmigo misma y detestaba todo lo que sucedía. No sabía que hacer conmigo misma, los demonios que había guardado en lo más profundo de mi cabecita estaban regresando, y estaban acabando conmigo. No toleraba la compañía de la gente y al mismo tiempo no podía estar sola. Por tranquila que pareciera estar, adentro estaba gritando por ayuda. Finalmente, un día me di cuenta que las cosas no mejorarían si no daba yo el primer paso, no podía esperar a que alguien se percatara de que algo iba mal. Busqué ayuda, pedí el apoyo a mi familia que tanto buscaba y me extendieron sus manos. Aunque les costó trabajo, entendieron que necesitaba ayuda externa.

Hoy, 24 de diciembre de 2015, puedo decir que estoy en paz conmigo misma. Estoy aprendiendo a quererme, estoy empezando a ser genuinamente feliz, a sonreírle a los retos sin importar lo mucho que me aterren. Algunas cosas que parecía que acabarían conmigo, ahora las siento insignificantes y que puedo contra ellas. Estoy aprendiendo que no importa cuantas veces la riegue y me caiga, mi familia y mis amigos me ayudarán a levantarme. Estoy aprendiendo que si a fulano o a sutano no les parece como luzco o lo que pienso; basta con que yo esté conforme conmigo misma.

Pasan los días y se presentan más cosas, pero esta vez aunque tengo miedo, sé que hay una solución. No voy a mentir, a ratitos se me sigue viniendo el mundo encima, los cambios me aterran, pero no estoy sola.

Y tú, que estás leyendo esto, tampoco estás solo. Si un día me reí contigo, lloré, compartí una cerveza, bailé, me provocaste una sonrisa en el momento que lo necesitaba o simplemente estuviste ahí, quiero que sepas que estoy aquí para ti. No estás solo.

Feliz Navidad.

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One comment

  1. Jorge Sarmiento (@JorgeJsp) · diciembre 29, 2015

    Es el primer post que leo de tu blog y me pareció muy personal… Eso lo agradezco como lector e hiciste que me sintiera muy identificado con tu historia, sin lugar a dudas seguiré leyéndote. Un abrazo

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